SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Hermenéutica del leccionario para la Homilía Dominical

CLAVE CELEBRATIVA: En este último domingo del tiempo ordinario, le pedimos al Señor Dios todopoderoso y eterno, que quiso fundar todas las cosas en su Hijo muy amado, rey del universo, haga que toda creatura liberada de la esclavitud del pecado, sirva a su majestad y le alabe eternamente.

CLAVE BÍBLICA: Y hacemos nuestras las palabras de aquellos que iban delante y le seguían en su entrada a la ciudad de Jerusalén aclamando: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor¡ ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!.

HERMENÉUTICA LITÚRGICA: El sometimiento de toda la creación a quien fue el primero en todo y por quien fueron hechas todas las cosas, es el signo concreto de la acogida de quienes aguardaban la plenitud del reino davídico, y la alabanza y servicio a quien viene en el nombre del Señor como portador de su reino.

            La solemnidad de Cristo rey del universo es una fiesta reciente, apena instituida en el siglo pasado, como un llamado a reconocer la soberanía de Cristo por encima del sometimiento y los intereses dictactoriales e ideológicos del momento. Los textos bíblicos después de la reforma del Concilio Vaticano II, meten a la luz el carácter cósmico y escatológico del regalismo de Cristo.

            El evangelio del día de hoy nos presenta al Crucificado. Cuestionado por las autoridades de su tiempo, por su aparente impotencia como Mesías de Dios y elegido; por los soldados que le piden se salve a sí mismo como signo de su poder real, un irónico letrero que expresa: “Este es el rey de los judíos”; y un tentador insulto de parte de uno de los malhechores que estaba crucificado junto Él, que suscita la defensa e indignación del otro que le reclama el temor de Dios y el pago justo para quien no ha hecho el mal y quien verdaderamente lo merece. Y son precisamente la última palabra del texto las que nos ofrecen el verdadero sentido de la llegada del reino al corazón del hombre: conversión, arrepentimiento y adhesión a Él, como Aquel que nos asegura su presencia y permanencia en el hoy histórico y concreto de cada hombre.

Esta verdad estaba ya anunciada y contenida en el segundo libro de Samuel cuando todas las tribus de Israel reconocen la prevalencia y elección de David, a pesar de estar gobernados por el rey Saúl, y e dicen que ya el Señor lo había hecho guía y pastor de Israel, razón fundamental para reconocerlo, acogerlo, ungirlo y obedecerlo como el Rey de todas las tribus. De ahí que el autor del salmo 121 nos invite a ir con alegría al encuentro del Señor en Jerusalén, donde suben las tribus según lo pre-escrito, para alabar su nombre, en el lugar donde se piden todos los bienes para los hermanos, en la ciudad de la justicia y de la paz. Donde reina el que viene en el nombre del Señor. Por eso el autor de la carta a los Colosenses invitaba a las primeras comunidades cristianas, a dar gracia a Dios Padre en la persona de Cristo que, nos ha hecho capaces de participar en la herencia de su pueblo santo, en el reino de la luz, liberados del poder de las tinieblas y trasladados al reino de su hijo muy amado, por cuya sangre recibimos la redención y el perdón de los pecados, la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creatura y el fundamento y razón de todas las cosas”.

Acudamos pues, a la cabeza del cuerpo de la Iglesia, al primero en todo, a quien debemos la Gloria y el poder por los siglos, a nuestro único dueño y Señor y pidámosle que se acuerde de nosotros en su reino.

P. Sedano