DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Hermenéutica del leccionario para la Homilía Dominical

CLAVE CELEBRATIVA: Nos hemos reunido en este domingo vigésimo sexto del tiempo ordinario, para pedirle al Señor que nos da la prueba suprema de su omnipotencia perdonando y teniendo misericordia, multiplique incesantemente su gracia, para que caminando de prisa hacia lo que nos promete, nos haga partícipes de los bienes del cielo.

CLAVE BÍBLICA: Y por eso recibimos y aclamamos nuevamente con las palabras del apóstol Pablo, como la semana anterior; al Señor Jesús, que: “siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza”.

HERMENÉUTICA LITÚRGICA: La prueba suprema de la omnipotencia de Dios manifestada en su perdón y misericordia. Es la abundante gracia que le pedimos quienes viendo la kénosis o abajamiento de Jesús y haciendo nuestros sus sentimientos, anhelamos lo que nos promete y nos apresuramos a los bienes eternos.

            Jesús continúa su gran viaje, y aprovecha la presencia de los fariseos para contar a sus discípulos una historia y formarles en la actitud generosa y misericordiosa de quienes poseen la gracia de aquel que los ha enriquecido abundantemente. La desdichada e infeliz vida del indigente Lázaro, que ansiaba llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico, y que hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas, se convierte en la gran oportunidad que poseemos quienes hemos recibido la gracia del perdón y la misericordia, como bienes divinos, para inclinarnos al que sufre y clama piedad ante la indiferencia de quienes somos incapaces de hacer caso incluso a Aquel, “que siendo rico se hizo pobre”, para enriquecernos con su amor y misericordia llamándonos con prontitud al arrepentimiento y a la escucha de la ley y los profetas. La indiferencia y el exceso de seguridad y confianza en los bienes terrenos, que nos hacen reclinarnos y recostarnos en divanes de marfil y almohadones, como lo denuncia el profeta Amós en la primera lectura que hemos escuchado, ya estaba escrito y dicho a propósito de aquellos que, no nos preocupamos por las desgracias de los hermanos. Y por eso el salmista nos recuerda que, “el Señor que es fiel a su palabra y hace justicia al oprimido, ama al hombre justo, y abriendo los ojos al ciego alivia al agobiado, es digno de nuestra alabanza”. De ahí que, el apóstol Pablo en su carta a Timoteo, le invite y nos invite como en las primeras comunidades cristianas, a llevar una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre, a fin de conquistar la vida eterna a la que hemos sido llamados, y de la que habremos de dar testimonio como lo hizo Cristo Jesús, que dio tan admirable testimonio y por ello merece el honor y el poder para siempre

P. Sedano

 

 

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