MONICIÓN DE ENTRADA

MONICIÓN DE ENTRADA

            Terminado el saludo, se recomienda que el sacerdote que preside la celebración eucarística, o el diácono o un ministro laico llamado monitor pueda introducir a los fieles en la Santa Misa a través de algunas breves palabras. A estas palabras se les llama monición.

            Este es el momento más adecuado para esta monición de entrada. Si el monitor es el mismo presidente de la celebración hará la monición desde la sede; pero si el monitor es un ministro laico hará la monición ya sea a un lado del ambón o en algún lugar visible para la asamblea, utilizando algún sencillo y discreto atril de madera o sin él.

            La monición no debe ser demasiado larga ya que puede distraer la atención de la asamblea del momento celebrativo. Debe contener los elementos indispensables para ubicar a la asamblea en el contexto celebrativo del tiempo litúrgico y de la celebración misma.

            El monitor debe poseer un tono de voz fuerte pero a la vez suave; con una dicción y pronunciación claras; con un excelente dominio del auditorio; con gran seguridad de las palabras que dirigirá a la asamblea; su presentación externa debe ser muy digna ya que estará constantemente interviniendo en la celebración. Es recomendable que se destine un solo microfono para él. Si las moniciones las elabora un laico deben presentarse siempre a un sacerdote para su aprobación.

 

ACTO PENITENCIAL

             Después del saludo y la monición, el sacerdote invita al acto penitencial, que tras un breve momento de silencio, realiza toda la comunidad con alguno de los tres formularios que existen y que el sacerdote puede elegir.

FORMULARIOS

– Formulario I:

Se trata de un formulario basado en una confesión pública de los pecados, de manera general no particular: «yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento…»

Además de la confesión pública, el penitente pide la intercesión celestial y terrena: «por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios…»

Se trata de una hermosa fórmula penitencial que nos ayuda a reconocer siempre y humildemente nuestra condición de pecadores en contra del pensamiento contemporáneo de algunos cristianos de que ya nada es pecado o de sentirse libres de toda culpa.

También favorece la actitud que hemos de tener siempre los cristianos de pedir por los demás, de interceder por ellos, sobre todo, en los momentos en los cuales han tenido la desgracia de caer en el pecado. Es la solidaridad en la oración que hemos de tener unos con otros. Este formulario I es muy recomendable usarlo sobre todo en los tiempos fuertes penitenciales de la Iglesia: adviento y cuaresma.

Termina el formulario con una absolución del sacerdote: «Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados…». La absolución acompañada de nuestro arrepentimiento sincero, tiene efecto sobre los pecados llamados veniales o leves, nunca sobre los pecados graves o mortales. Para el perdón de éstos es necesario acercarnos al sacramento de la reconciliación.

– Formulario II:

            Es un reconocimiento público de que Dios es misericordioso. Pero para alcanzar esa misericordia de Dios, hemos nosotros de reconocer nuestra limitación y nuestra condición de pecadores, de lo contrario no podemos alcanzar misericordia.

            Se basa en una doble petición de misericordia por parte del presidente: «ten» y «muéstranos» misericordia. La asamblea por su parte reconoce su ser pecador: «porque hemos pecado contra ti». Y afirma que sólo la misericordia de Dios, puede darnos la salvación: «y danos tu salvación».

            Este formulario II se recomienda usarlo durante todo el tiempo ordinario.

            Al igual que el formulario I, se concluye con una absolución del sacerdote que tiene los mismos efectos que ya explicaba en la parte anterior.

– Formulario III:

            Son invocaciones adecuadas perfectamente a cada tiempo litúrgico, que están dirigidas a Cristo y que resaltan algún aspecto teológico de él y hacen anámnesis de su obra salvadora. Cada invocación emplea el «Señor ten piedad o Cristo ten piedad», según sea el caso, al final. Por lo tanto el coro o las personas encargadas del canto deben suprimir el «Señor, ten piedad o Kýrie, eléison». El sacerdote hace la invocación juntamente con el Señor ten piedad y el pueblo responde repitiendo «Señor, ten piedad».

            Se recomienda usar este formulario sobre todo en los tiempos fuertes de Navidad y Pascua, domingos del tiempo ordinario y fiestas. Aunque es un formulario, que como los anteriores, lo podemos usar siempre y en cualquier tiempo.

 

Pbro. Lic. Oscar José García García