PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Hermenéutica del leccionario para la Homilía Dominical

CLAVE CELEBRATIVA: En este primer domingo de adviento, le pedimos al Señor todopoderoso, nos conceda salir al encuentro de su Hijo, que viene, ejercitándonos en la práctica de las buenas obras, para que merezcamos un día, colocados a su derecha, poseer el reino celestial.

CLAVE BÍBLICA: Y haciendo nuestra la súplica del salmista que implora la misericordia y la salvación que viene del Señor, aclamamos y recibimos a Cristo que se hace presente en el evangelio como portador y emisario de ello.

HERMENÉUTICA LITÚRGICA: El prepararnos para el encuentro con el Señor que viene como portador de misericordia y salvación, ejercitándonos en la práctica de las buenas obras con la esperanza de un día estar a la derecha del Padre como benditos de Él, es la clave histórico-escatológica hic et nunc “aquí y ahora” de la esperanza cristiana en este primer domingo de adviento.

            El evangelio del día de hoy, al comienzo de este nuevo año litúrgico y principio de este ciclo dominical de preparación para la venida del Señor, nos presenta de labios de Jesús, la indiferencia con que vivían los hombres y mujeres en tiempos de Noé; que comían, bebían y se casaban, sin prestar oído a las advertencias del patriarca que hablaba en nombre del Señor y de repente sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Se convierte en un preámbulo para meditar en la vigilancia y preparación respecto de la venida del Hijo del hombre y, sobre todo, del ¿cómo? estamos viviendo el momento presente para ser dignos de Él en aquel momento, del cual depende, el ser tomado o dejado.

La repentina venida del Señor, como la de un ladrón inesperado que se mete por el boquete de una casa, se convierte en la advertencia y propuesta a vivir la esperanza cristiana como el “¡ya, pero todavía no!” de aquellos que aguardaban en días futuros y caminaban hacia el monte del Señor en busca del árbitro de las naciones y juez de pueblos numerosos, que transformaría los instrumentos de guerra en instrumentos de trabajo, como principio de prosperidad, de justicia y de paz. Aquel, que instruiría por sus caminos y les haría caminar por sus senderos. La luz de quien muestra su misericordia y concede la salvación. Esperanza de las tribus de Israel que subían con alegría al encuentro del Señor en la ciudad santa, como canta el salmo 121 que hemos entonado, para pedir todos los bienes y aguardar la paz dentro de sus murallas, como la justicia en los palacios de David.

Por eso el apóstol Pablo escribe a los romanos, y nos invita a quienes venimos con alegría a la casa del Señor; a tomar en cuenta el momento histórico concreto que estamos viviendo con la certeza de que nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer, y que nos exige despertar del letargo, que no permite ver: “que el día se acerca y la noche está avanzada” y, por lo tanto, exige desechar las obras de las tinieblas y revestirse con las armas de la luz.

El llamado a comportarnos honestamente como se hace en pleno día y revestirnos de nuestro Señor Jesucristo, cuidando de nuestro cuerpo sin dar ocasión a los malos deseos; no es otra cosa, sino, el poner atención a las palabras de Jesús, respecto de la indiferencia de la humanidad en lo que refiere a su repentina venida, que exige de cada uno de nosotros, una esperanza activa, que se traduce: en la búsqueda del Señor como fuente del amor y la justicia, que exige de cada uno de nosotros; misericordia, vigilancia, preparación y trabajo como signos de prosperidad y de paz.

P. Sedano