QUINTO DOMINGO DE PASCUA

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

CLAVE CELEBRATIVA: En la oración colecta del quinto domingo de Pascua, la Iglesia continúa suplicando a quien se ha dignado redimirnos y hacernos hijos suyos, por la gracia del bautismo y los méritos de la pasión de su Hijo, nos mire con amor de Padre, a fin que, cuantos creemos en Cristo, alcancemos la verdadera libertad y la herencia eterna.

CLAVE BÍBLICA: Y haciendo nuestras las palabras de quien nos conduce al Padre, y se hace presente para explicarnos las escrituras y partir para nosotros el pan como cada domingo, lo reconocemos como el Camino, la Verdad  y la Vida. Único acceso a la casa del Padre.

HERMENÉUTICA LITÚRGICA: El Domingo del consuelo y la esperanza cristiana anunciado en la Quinta Domenica Paschae, como el punto de llegada de quienes nos hemos iniciado en el seguimiento de Cristo; haciéndonos hijos en el Hijo y partícipes de su muerte y resurrección. Hoy nos propone la verdadera libertad de los hijos de Dios y la conquista de la vida eterna como frutos concretos de nuestra adhesión a Aquel que ha sido enviado para ser nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.

Jesús continua, no solamente transmitiendo y deseando la paz a sus discípulos, sino animándolos a mantenerla y no perderla, si verdaderamente creemos y nos mantenemos en Él, como lugar de adhesión y afiliación al Padre. Jesús nos recuerda que en la casa de su Padre (nuestro Padre) hay muchas habitaciones, y nosotros lo sabemos (por la confianza y certeza que Jesús nos ha dado), pues de lo contrario; no, nos ilusionaría o motivaría a la búsqueda de algo que no existe.

Jesús anuncia su partida…, y nos dice: cuál es la razón de su partida… (prepararnos un lugar), para que cuando vuelva nos lleve consigo, y donde Él, esté… estemos también quienes somos de Él. Es decir, quienes somos de Él, y hemos conocido y asumido el camino para llegar a donde quiere llevarnos.

Nadie que ha caminado con Jesús puede decir: No sabemos a dónde vas o ¿cómo podemos saber el camino?, pues Jesús es el camino que debemos seguir, la verdad que debemos creer, y la vida, que da razón a nuestra existencia. Él es la imagen impronta del Padre, el rumbo de Dios, la verdad encarnada y el principio vital de nuestro ser cristiano.

El reclamo de Jesús ante la insistencia de Felipe, respecto de querer ver al padre; provoca la extrañeza de estar y no estar en Él, de ver, escuchar, convivir y sin embargo no conocer y descubrir que el Padre está en Él, pues, la permanencia de Él, en el Padre, es la garantía de su presencia en Él. Garantía que promete y asegura a quienes, esforzándose por permanecer en Él, sean capaces de hacer las obras (aún mayores) que Él hace y seguirá haciendo como signo de su presencia y permanencia en el mundo, ahora que vuelve al Padre.

La prolongación de los dichos y hechos de Jesús como signos de la llegada del reino de Dios en el mundo y en medio de nosotros, así como, su continuación en quienes le asumieron como Camino, Verdad y Vida. Es una verdad que, hemos escuchado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando nos enteramos de las necesidades de la primitiva comunidad cristiana, y la gran disponibilidad e idoneidad que había entre los hermanos para ayudar y continuar la obra de Cristo, a través de la Palabra, la oración y el servicio a los más necesitados. De ahí que el salmista nos haga caer en la cuenta que: El Señor cuida y no se olvida de aquellos que le temen. Palabras que el mismo autor de la primera carta de Pedro expone cuando dice: Acérquense al Señor, porque ustedes también son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Jesucristo.

P. Sedano