SEXTO DOMINGO DE PASCUA

SEXTO DOMINGO DE PASCUA

CLAVE CELEBRATIVA: En la oración colecta del sexto domingo de Pascua, la Iglesia implora al Señor todopoderoso, le conceda continuar celebrando con fervor esos días de alegría pascual, en honor de Cristo resucitado y que los misterios que recuerda, actualiza y prolonga sigan transformando la vida de sus hijos y se manifieste en sus obras.

CLAVE BÍBLICA: Y haciendo nuestras las palabras de quien nos promete y asegura el amor del Padre y su permanente presencia en la vida de quienes somos dóciles a su voz, le aclamamos en el evangelio y abrimos nuestros oídos, nuestro corazón y nuestro espíritu para escuchar contundentemente a Aquel que nos dice: “El que me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará y vendremos a él.

HERMENÉUTICA LITÚRGICA: El Domingo de la promesa y rogación del Hijo al Padre respecto de la promesa del Espíritu Consolador, colocado días antes de su gloriosa Ascensión a los cielos, según el testimonio del libro de los Hechos de los apóstoles, y el domingo de la permanencia de Cristo en la gloria del Padre (VII domingo de Pascua), previo a la fiesta de Pentecostés. Es el momento oportuno en el que la Iglesia “Cuerpo de Cristo” que continúa y prolonga su obra en el mundo, implora a su Señor, para que no le abandone sino actualice sacramentalmente su acción salvífica y su presencia, en quienes somos dóciles a su voz.

Jesús continúa, aconsejando a sus discípulos y ofreciéndoles las claves de acceso para vivir la permanencia en Dios y la presencia de Dios en ellos.

“Si me aman, cumplirán mis mandamientos”, es la primera consigna para quien está dispuesto a seguirle y asumirlo como Camino, Verdad y Vida. Los mandamientos son el signo concreto de la fidelidad y el amor a quien nos ha llamado a ser sus discípulos.

La oración e intercesión incesante de Jesús al Padre para que nunca nos falte a quienes somos de Él, el Espíritu de la verdad que nos hace libres, es otra de las garantías que tenemos quienes somos de Él, pues quienes están fuera de Él, ni le ven, ni le conocen, y por lo tanto no habita ni se manifiesta en ellos, ni tampoco viven en la libertad de los hijos de Dios,

La promesa de volver a nosotros sin experimentar la orfandad, es el consuelo de quienes somos de Cristo porque descubrimos su presencia en medio de nosotros y sabemos que está vivo y se manifiesta de múltiples formas en medio de nosotros, pues su permanencia en el Padre y la permanencia de nosotros en Él, son el signo del amor de Dios en nosotros y el amor de nosotros en Dios.

La manifestación de Dios en la vida de quienes somos de Él, es una experiencia que vivieron los primeros cristianos como escuchamos en el libro de los Hechos de los apóstoles, pues tanto los Apóstoles como quienes recibían la Buen Nueva y la acogían en su corazón, experimentaban las maravillas del Señor y gracias a la oración de los hermanos, recibían al Espíritu Santo y el Señor continuaba su obra en medio de ellos. Por eso hemos cantado al Señor, junto con el salmista: “que sus obras son admirables” y nos llenan de gozo y gratitud. Palabras que el autor de la primera carta de Pedro hace suya cuando escribe a sus destinatarios: “veneren en sus corazones a Cristo… dispuestos siempre a dar razones de la esperanza de ustedes… con sencillez, respeto y estando en paz con su conciencia”, pues éstos son los signos de la conducta cristiana y las manifestaciones de la voluntad de Dios a ejemplo de Cristo que murió en su cuerpo y resucitó glorificado.

P. Sedano